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lunes, 5 de junio de 2017

Federico García Lorca

Tal día como hoy de 1898, en Granada, nacía el gran Federico García Lorca, poeta, dramaturgo y prosista español. 

De todas las obras de Federico García Lorca que he leído creo que la que más me ha gustado es la titulada «Bodas de sangre».

A continuación os dejo algunas de las frases de Federico García Lorca que más me gustan:

«Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo.»

«El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida.»

«Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.»

«La soledad es la gran talladora del espíritu.»

«La agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.»

«El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana.»

Fdo.: Ángeles Duque-Rey

domingo, 4 de junio de 2017

Juan Goytisolo

Hoy es una día muy triste para el mundo de la literatura. Hemos despertado siendo azotados por la funesta noticia del fallecimiento del escritor español Juan Goytisolo. Desgraciadamente hemos sido testigos de cómo, el día de hoy, se ha hecho más profunda la herida que sufre la literatura y que se ahonda con cada gran pérdida de la que es víctima. Descansa en paz y, estés donde estés, jamás dejes de escribir. 

Fdo.: Ángeles Duque-Rey

Poesía: Soñar


Soñar

Hoy soñé con en fulgurante brillo de tus ojos cuando me mirabas. 
Hoy soñé con el tibio tacto de tus labios cuando me besabas.
Hoy soñé con la vigorosa rudeza de tus manos cuando me hacías sentir única.

Hoy soñé con un "te quiero" manado de tu garganta y capaz de desatar una tormenta en mi corazón.
Hoy soñé con vestiduras de aire, sábanas a nosotros entrelazadas y el veneno del placer cabalgando en nuestras venas.
Hoy soñé con el murmullo de nuestras respiraciones agitadas y los gemidos ahogados en lo únicos besos.

Hoy soñé,
como ayer soñé
y como mañana volveré a soñar,
más eso es lo único que hoy queda en mi corazón ciego de dolor:

Soñar. 



Título: Soñar
Género: Poesía
Autora: Ángeles Duque-Rey

Todos los derechos reservados.

sábado, 3 de junio de 2017

Relato Breve: Despedida




Despedida


Le escuché pronunciar mi nombre. Abrí mis ojos en mitad de una noche de luna amortajada y descubrí que solo la soledad, negra y vacía como una noche de invierno sin luna y sin estrellas, dormía a mi lado. 

Le escuché susurrar que aún me quería, que aún no me había olvidado. Mis oídos de agudizaron y, en medio del silbido que emitían la lluvia al caer y el viento corriendo como lebreles en libertad por campos hirsutos, comprendí que él ya no podía hablarme. 

Sentí su aliento acariciar mi nuca embebiéndome de suavidad y ternura. Mi piel se erizó tornando más intenso el roce provocado por las frías sábanas que me arropaban, y entonces comprendí que su aliento jamás volvería a mí. 

Sentí su mano recorrer mi espalda como antaño solía hacer. Mi corazón dio una brusca sacudida germinando la consciencia de que era más que mi imaginación lo que esta noche bailaba a mi alrededor y hollaba mi dolor. 

Giré sobre mí misma. Nuestros ojos se encontraron y se fundieron en una cálida mirada como el río que se pierde en el mar al  alcanzar su desembocadura; y, ninguno pronunció una sola palabra, no eran necesarias las palabras, sino que el silencio podía decir mucho más de lo que cabría esperar. 

Mis ojos se anegaron en lágrimas que resbalaron por mis pálidas mejillas. En su rostro se formó una mirada de agridulce tristeza que me decía: 

«—No llores, cariño mío, sonríe porque ahora esté a tu lado. Con la primera luz del alba, cuando despiertes, yo no estaré aunque siempre me hallarás en tu corazón. Mañana sentirás y creerás que todo fue un anhelante sueño, pero no es así, fue real...  Mañana todo estará bien. Mañana tu vida sigue adelante aunque la mía ya no lo haga más. No te olvides de mí y será el modo en que jamás me iré de tu lado.»

Poco a poco se fue desvaneciendo delante de mis propios ojos, era como si mis lágrimas le fueran borrando de mis pupilas, aunque jamás lograrían borrarle de mi mente, y, mucho menos, de mi corazón marcado por lacerantes heridas. 

Con la primera luz del alba la mañana regresó y una primera luz matinal irrumpió en mi dormitorio. Mis ojos lloraron amargamente como habían hecho toda la noche, la sonrisa jamás brilló en mi rostro, él no estaba y jamás lo estaría... Todo había sido un sueño aunque mi corazón gritaba desgarradoramente que había sido real. Entonces recordé, una vez más, que sin su amor nada estaba bien, nada volvería a estar bien. Mi vida seguía adelante, pero con gusto cambiaría el rumbo de nuestros destinos para que yo muriera y fuera él quien siguiera adelante. 



© 2017, Despedida
© Ángeles Duque-Rey
© de la imagen de presentación: Ángeles​ Duque-Rey

© Todos los derechos reservados. Prohibida la copia, distribución o divulgación sin autorización por parte de la autora. 

jueves, 1 de junio de 2017

Información

¡Hola, queridos lectores! ¿Qué tal?

Vengo a informaros de que estoy recuperando y editando una novela que escribí hace un tiempo y que, aunque es una de las novelas más especiales para mí, había aspectos que no me gustaban demasiado.

Así pues he pensado en cambiarle muchas cosas que creo que van a suponer una mejora notoria para la novela. Por supuesto, la esencia y el hilo de la novela serán los mismos pero tendrá enfoques diferentes en algunas escenas.

A medida que la avance os iré pasando por aquí algunos fragmentos de la novela a ver si os gustan los nuevos resultados.

Eso es todo por ahora.

¡Un grandísimo abrazo!

Ángeles Duque-Rey.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Relato breve: Mamá, tenemos que irnos



Mamá, tenemos que irnos

¡PUM!

Ese fue el sonido, brusco y potente, que me despertó aquella noche. Me incorporé inmediatamente sobre mi cama y miré en derredor guiándome por las luces y sombras que la luz de la luna, que se filtraba por mi ventana, proyectaba. No encontré el origen del ruido y, en toda la vivienda, parecía reinar un silencio sepulcral. 

Me engañé a mí misma haciéndome creer que solo había sido una pesadilla. A fin de cuentas, ya eran dos los años que llevaba sufriendo horribles pesadillas noche tras noche. 

Estaba dispuesta a acostarme en la cama, de nuevo, para intentar conciliar el sueño, cuando el pomo de la puerta de mi habitación emitió un débil chasquido, casi insignificante pero audible. Mis ojos se posaron sobre él y mi respiración se paralizó completamente. El pomo estaba girando lentamente. 

No sabía qué hacer, no podía moverme, el miedo había paralizado todos y cada uno de mis músculos y mi propio raciocinio. El pomo acabó por girar completamente y, quien quiera que estuviera al otro lado de la puerta, comenzó a empujarla dispuesto a entrar en el interior de mi dormitorio. Quise gritar pero el miedo también había enmudecido mi garganta. 

La puerta terminó de abrirse y, entre luces y sombras, pude distinguir que alguien se hallaba en el umbral de la puerta. La sombra comenzó a avanzar hacia a mí. Solo se detuvo cuando llegó a los pies de mi cama y, en ese momento, un rayo procedente de la luz de la luna, impactó sobre su rostro. Cuando vi su rostro sentí miedo, pero, a la par, no pude evitar que mis ojos se anegaran en lágrimas.

—Mamá, tenemos que irnos... —dijo mi hijo pequeño. 

No podía ser real. Hacía dos años que un fatal accidente le había arrancado de mi lado para siempre. Observé que su apariencia física aún se correspondía con la de un niño de ocho años, y no de diez, como debería de ser actualmente. En aquel instante, deseaba abrazarle con todas mis fuerzas, pero me sentía paralizada por el miedo que su presencia me generaba.

Me levanté de la cama, con temor e inseguridad, y avancé lentamente hacia mi hijo sin apartar mis ojos de los suyos. Él me siguió con la mirada y, cuando me posicioné frente a él, estiró una de sus pequeñas manitas y agarró mi propia mano. 

—Vámonos, mamá —dijo con su fina vocecita. 

Asentí con mi cabeza sin dudar. Él era mi pequeño y, durante estos últimos dos años, lo único que había deseado, a cada segundo, era volver a su lado sin importarme el cómo. 

Caminamos juntos hacia la puerta de la habitación, pero, antes de alcanzarla, alguien con vestimenta negra, un pasamontañas y una pistola en su mano, avanzó por el pasillo. No pareció percatarse de nuestra presencia pues siguió adelante. 

—¡Escóndete! —le ordené a mi hijo, en un susurro, y liberé su mano. 

Corrí hacia la mesita de noche para coger mi teléfono móvil y llamar a la policía; pero, antes de alcanzar la mesita, mis ojos se posaron sobre la cama y, en ese preciso momento, fui consciente de que mi vida ya no era más que un recuerdo.

Yo yacía sobre ella. Un agujero en mi corazón era el refugio de una bala procedente de la pistola que acababa de ver. La sangre que había manchado mi pecho, mis sábanas y almohada se veía negra en la penumbra. 

Mientras observaba la escena que tenía ante mis ojos, sentí a mi pequeño agarrar, de nuevo, mi mano derecha. Entonces comprendí que había llegado el momento para que juntos abandonáramos este mundo. 


Ángeles Duque-Rey.


© Ángeles Duque-Rey
© 2017, Mamá, tenemos que irnos
© de la imagen: Ángeles Duque-Rey

© Todos los derechos reservados

jueves, 11 de mayo de 2017

Lágrimas del corazón: Despedida

Sus labios se fundieron en un dulce y delicado beso. 

Un beso que sellaba sus destinos. 

Destinos que exigían un adiós para siempre.

Un adiós para siempre que no necesitaba palabras, solo sentimientos.

Sentimientos de dolor, de agonía y de tristeza. 

Sentimientos escondidos en los latidos de dos corazones rotos que juntos sucumbirían al sueño eterno.

© 2017, Despedida.
© Ángeles Duque-Rey